¡¡Hacia una nueva aventura!!
Antes de iniciar, quisiera decir algunas palabras que reflejen
lo que he vivido en este tiempo: en primer lugar, el paso de Dios por mi vida,
en todos los aspectos, pero hay uno que me deja conmovido: ver que allí en mi
pueblo, Ticul, el anhelo de promover la devoción a San Antonio de Padua y fomentar
una digna Fiesta Patronal, están dando los primeros frutos, pues mi párroco ha
dicho sí a todas las propuestas que, junto con otras personas, hemos planteado
para fomentar la fe, la participación y la unidad de mi querida Parroquia.
Por otro lado, en el ámbito universitario, desde hace unas
semanas, nos enteramos que una de nuestras maestras extranjeras nos abandona
porque inicia una nueva etapa en su vida… ayer fue su último día de clases en
el CEUM… se despidió de nosotros… aunque la vida consiste en estas continuas
experiencias, el corazón y la memoria tardarán en aceptar las cosas de la vida
y en adaptarse a las nuevas…
Al respecto, hace unas cuantas semanas, llegó la noticia de
algo que, aunque es normal en la vida parroquial, no es quizás tan anhelado: el
anuncio de cambios de sacerdotes. Lo que pegó con más fuerza fue que se irán
los dos sacerdotes y hasta el diácono permanente…
Después de 1 año y 9 meses, una página más da vuelta para no
regresar y una nueva aventura comienza a escribirse en mi vida: aquél jueves 8
de septiembre de 2011, con el apoyo de un gran sacerdote, Pbro. Juan Pablo Moo,
inicié esta experiencia de ser miembro del cuerpo de trabajadores en la Parroquia
“El Divino Redentor”, concretamente en el área de oficina. Agradezco profundamente
a mi Maestro haberme guiado hasta este lugar. Todo ha sido gracia y bendición.
Sin duda alguna que este tiempo que estuve en la Parroquia,
muchas fueron las experiencias que marcaron mi vida: en primer lugar, el testimonio
sacerdotal del padre Juan Pablo. Su entrega como párroco, su preocupación por
mostrar el Rostro de un Cristo misericordioso, amable, comprensivo y cercano fueron
rasgos característicos que, al verlos cada día en su persona, eran una sublime
lección para mí y una constante confrontante para entregar mi vida desde mis
realidades concretas en las que me toca vivir: escuela, apostolado, trabajo y familia.
Padre Juan Pablo, gracias por los diálogos y sus consejos, estoy completamente
seguro que siempre estuvieron encaminados hacia el crecimiento de mi persona. Gracias
por la confianza que me ha mostrado, y que me muestra ahora, al pedirme que lo
siga de cerca para continuar colaborando en su ministerio sacerdotal; con su
cercanía, me ha mostrado la paternidad sacerdotal… sencillamente: ¡gracias!
De igual manera, agradezco al padre Humberto y al diácono Mario por compartir la vida...
Siempre que se trata de despedidas, genera en el corazón
nostalgia y viejos recuerdos… aquí en la oficina aprendí a ser más responsable,
a saber organizar mi tiempo para dedicarle una parte a mi carrera como
estudiante de Lengua Inglesa, y otra parte a mi labor como trabajador. Aquí pude
poner en práctica tantas cosas que el Seminario impregnó en mi corazón… Cada
experiencia vivida ha marcado mi vida, y ahora, todo esto me llevo a mi nueva
encomienda en la Parroquia de Lourdes que iniciaré a partir del martes 4 de
junio. Es un reto que con ánimo decidido me propongo vivir, sabiendo una vez
más, que no estoy sólo: Aquél que me amó y se entregó por mí es quien me guía y
se conduce al camino que me lleva a mi felicidad plena. ¡GRACIAS, SEÑOR, POR TU
AMOR!
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